La palabra de Luis: la tierra es como un ser humano.
- Quentin Gustot
- 19 abr
- 2 min de lectura

Luis vive y trabaja en la finca junto a toda su familia: su esposa, sus hijos, sus cuñados, sus padres. Al igual que para Juan Patricio, no es una casualidad ni un arreglo práctico. Es una elección de vida asumida, la continuación natural de una historia familiar que se remonta mucho antes que ellos, a esos ancestros kichwas que cultivaban estas tierras antes de ser despojados de ellas, y que la familia fue recomprando, parcela por parcela, año tras año, para reconstruirlas y devolverles la vida.
"Esta finca no es de hoy. Es el fruto de años de lucha. Compramos parcela por parcela para agrandar este espacio."
Un hectárea en total, más o menos. No es mucho sobre el papel. Pero Luis es el primero en decirlo: el tamaño no es lo que importa.
Lo que importa es qué se hace con ella.
Su convicción es simple y radical a la vez: no es necesario tener grandes extensiones de tierra para practicar una agricultura viva y diversa. Una pequeña parcela basta, siempre que se transforme con paciencia, que se introduzcan los árboles adecuados, que se cree un microclima, que se deje convivir a especies de la costa, la Amazonía y los Andes. Tratar la tierra, dice, como se trataría a un ser humano. Con cuidado. Con respeto. Dándole lo que necesita para estar bien y, así, producir bien.
Quizás la frase más hermosa que pronuncia, casi de paso, es esta:"La tierra es como un ser humano. Necesita estar bien para dar bien."
Luis encarna esta faceta de lo que la familia Pico Hipo construye juntos: la apertura. La Chacra Andina no es un jardín secreto. Desde el principio, la familia quiso que fuera un lugar abierto a los demás. Luis lo expresa con calidez y sin rodeos: quiere que los vecinos vengan, que los agricultores de la región vengan a ver, a tocar, a entender. Que lo aprendido aquí circule, inspire y se replique en otros lugares.
"Estamos listos para abrir este corazón a todos."
Una frase corta. Pero que lo dice todo sobre el espíritu que reina aquí.
En una familia donde cada uno tiene su rol, su parcela y su manera de hacer las cosas, Luis recuerda, con toda naturalidad, que todo esto solo tiene sentido si se comparte. La historia de los Pico Hipo no está hecha para quedarse entre ellos. Está hecha para demostrar que es posible, para cualquiera, con pocos recursos, en un pequeño pedazo de tierra.




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