Una familia, una tierra, una vida en común
- Quentin Gustot
- 19 abr
- 2 min de lectura

Juan Patricio Pico Hipo nació en la comunidad de Agua Santa, en los Andes ecuatorianos, a pocos kilómetros de Riobamba. Es de nacionalidad kichwa, pueblo indígena de la provincia de Chimborazo. Sus ancestros vivieron en estas tierras mucho antes de la colonización. Desplazados, marginados y relegados a las alturas menos fértiles, vieron cómo sus tierras se les escapaban. La familia Pico Hipo tuvo que recomprarlas para regresar. Es en este suelo cargado de historia donde decidieron echar raíces nuevamente.
Hoy, Juan Patricio, su esposa y su hijo viven en la finca. A su alrededor, sus hermanos, su hermana y sus familias. Una pequeña comunidad unida por lazos de sangre y por una visión compartida, construida con paciencia durante más de veinte años.
La vida aquí es colectiva, pero deja espacio para cada uno. Cada miembro de la familia cultiva su parcela según su propia sensibilidad. Uno ha desarrollado un espacio de bosque denso y natural, cercano al estado salvaje. Otro se ha dedicado a los huertos y los árboles frutales. Su hermana cuida del huerto que alimenta la cocina a diario. Otros gestionan la comercialización de los productos, los intercambios con el exterior y la acogida de los visitantes. Juan Patricio se define a sí mismo como facilitador: aquel que conecta, transmite y mantiene el rumbo.
No hay un modelo único impuesto a todos. Pero sí una dirección común: vivir con la tierra, no contra ella.
Le han dado un nombre a todo esto: Chacra Andina, Pura Vida. Una finca agroecológica, pero sobre todo, una forma de vida. Un lugar donde se produce lo que se come, donde se preserva lo que desaparece en otros sitios, donde los saberes ancestrales kichwas se entrelazan con una visión orientada hacia el futuro. Donde los niños crecen en contacto con los árboles, los animales y las estaciones.
En un paisaje circundante cada vez más dominado por invernaderos de plástico y monocultivos, la Chacra Andina se ha convertido, sin buscarlo, en un oasis aparte. Un refugio para aves, insectos y especies vegetales en vías de extinción que la familia rescató antes de que fuera demasiado tarde. Desde las alturas de las montañas cercanas, se distingue fácilmente: un pequeño poncho verde, denso y vivo, en medio de un territorio que se uniformiza.
No es un proyecto asociativo nacido de una reunión. Es una familia que eligió vivir de otra manera, junta, en la tierra de sus ancestros. Y sin ruido, ha transformado esa elección en algo notable.
















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